El pibe Mastantuono es el único que respeta la gloriosa exigencia riverplatense
por Daniel A. Kiper
- Anoche, River fue eliminado por Platense. Y aunque el resultado duele, no debería sorprendernos. Es la consecuencia lógica de años de errores dirigenciales que desde hace tiempo venimos señalando.
- Este presente, con un equipo sin identidad, sin respuestas tácticas ni estratégicas, sin jerarquía colectiva, no se explica por una mala noche. Se explica por decisiones políticas equivocadas: se privilegiaron las compras impulsadas por empresarios amigos, se postergó el proyecto de divisiones inferiores y se abandonó el modelo futbolístico que históricamente distinguió a River. Estamos frente a una conducción que hace rato perdió el rumbo.Lo advertimos cuando aseguraban que “teníamos plantel de sobra” mientras se improvisaban refuerzos a último momento. Lo dijimos cuando vendieron juveniles antes de debutar y se incorporaron jugadores por cifras millonarias, sin coherencia ni planificación. Lo dijimos cuando el club pasó a confiar más en los intermediarios que en su historia, su identidad y su semillero.Anoche, dos jugadores que costaron más de 23 millones de dólares erraron sus penales. Pero el problema no son ellos. El problema es quién los trajo, cómo y por qué. Porque en River se gasta mucho, pero se piensa poco. Se contrata sin armar un equipo. Se vende sin cuidar el patrimonio. Y lo más grave: se gobierna sin escuchar al hincha ni al socio.Mientras tanto, el alma del club la sigue sosteniendo un pibe de 17 años. Porque River tiene talento, tiene historia y tiene futuro. Lo que necesita es conducción. Una conducción distinta. Que no se deje arrastrar por los empresarios amigos del poder, que no se esconda detrás del marketing, del periodismo cómplice ni tema decir la verdad.Estamos ante un momento bisagra en la historia de nuestro club: o ponemos fin a un ciclo dirigencial que dejó de lado el modelo deportivo y formativo de River para abrazar un modelo de negocios, o resignamos nuestra identidad y aceptamos que, en lugar de festejar campeonatos, debamos celebrar balances económicos (dibujados, por cierto).Pero River no es una sociedad anónima. River es un sentimiento popular. Una construcción colectiva. Una pasión que exige respeto, transparencia y planificación.No es tarde para recuperar nuestro camino. Pero el cambio no puede ser superficial. Debe ser profundo, serio y coherente. Debe devolverle a River su esencia: formar cracks, competir y ganar con dignidad.Nuestro compromiso es claro: defender el fútbol histórico de River. Lo vengo diciendo hace años, cuando otros callaban o aplaudían. Porque quiero que River vuelva a poner la pelota, el juego y su gente en el centro del proyecto.River merece otra conducción. El momento es ahora.Sumate. De vos depende.Porque los dirigentes pactan entre ellos para sostener un modelo que privilegia los negocios.

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