domingo, 15 de junio de 2025

River no tiene límites, pero tiene dirigentes limitados.

  Ante el silencio de la dirigencia del Club, el pueblo riverplatense recién pudo enterarse a través de las noticias llegadas desde Madrid que Mastantuono  incorporará al equipo merengue el próximo 15 de agosto un día después de cumplir los 18 años de edad y sin que pague los  € 45 millones a River porque más allá del marketing mediático, el monto fijado en la cláusula de rescisión ingresará en 3 cuotas anuales

Carta abierta al pueblo riverplatense
por Daniel Kiper 

Una negociación dirigencial sin convicción.
Que se rinde. Que baja la cabeza ante el Real Madrid.
Que ya no cree que River es el más grande, ni que debe ser protagonista a nivel mundial.
Y lo más grave: pretende que vos, yo y cada riverplatense aceptemos esa resignación como algo inevitable. Como si fuera parte de nuestra identidad.

No lo es.
Nunca lo fue.

Con esta gestión, cuánta gloria desperdiciada.
Vendieron a Enzo Fernández, Julián Álvarez, Nicolás De la Cruz, Lucas Beltrán, Esequiel Barco, Claudio Echeverri… y ahora, a Franco Mastantuono.
Uno por uno, los talentos que podrían haber marcado una época en River hoy brillan en otros clubes.

Dicen que no había otra salida. Que así es el mercado. Que fue una gran venta.

¿De verdad?

El Real Madrid pagará 45 millones de euros en tres cuotas: la primera de 20 millones, y las otras dos de 12,5 millones cada una.
Eso implica que hubo negociación. No fue una ejecución directa de la cláusula de rescisión.
Y eso resulta evidente: según el Reglamento de la FIFA, el Madrid no podía negociar con el futbolista ni con su entorno dentro del “período protegido” —los tres años posteriores a la firma del contrato profesional—.
No respetar ese período constituye una infracción grave, pasible de sanciones deportivas.

¿Y qué hizo la dirigencia?
Nada.
Ocultó su sumisión. Encubrió su política de entrega de nuestros juveniles.
No defendió a River.
Solo intentó justificar la rendición con frases como: “negociamos desde la debilidad”, “no podemos retenerlo”, “vos sabes como es esto”.

No, no sabemos. Porque esto no es cualquier cosa.
Esto es River.

River no vende jugadores. River vende fútbol.
River no negocia desde la debilidad. River se planta desde la grandeza.
River no improvisa. River planifica.
River no se entrega. River se defiende

No se trata solo de dinero.
Se trata de gloria deportiva, de convicciones. De identidad.
De una dirigencia que está —o no está— a la altura del club más grande de América.

Cuando se vende por vender, no se está saneando el club:
se está hipotecando su futuro.

Y lo más doloroso: se renuncia a escribir nuevas páginas de gloria con futbolistas formados en nuestra casa, con años de esfuerzo, dedicación y sueños.

Sí, es lógico que un jugador quiera asegurar su futuro económico.
Y River puede hacerlo: pagándole bien, reteniéndolo, acompañándolo en su crecimiento. Y recaudando vendiendo fútbol, no al futbolista.
Lo absurdo es desprenderse de juveniles por “negocio”, para luego despilfarrar millones en apuestas sin rumbo ni proyecto.
Lo que entra por una venta, se va en una compra improvisada que intenta —mal— reemplazar lo que se vendió por dinero. Saldo cero en lo económico, déficit en lo deportivo.

Y en cada operación, se mueven millones.
Y algunas de esas monedas caen en los bolsillos de intermediarios y empresarios que solo buscan su beneficio, no el de River.

River necesita una conducción que no se resigne.
Que piense en grande.
Que defienda al club, a sus jugadores, a su historia.

Para volver a creer, hace falta un cambio.
Volver a las fuentes.
Vender fútbol, no futbolistas.
Construir un proyecto sólido: deportivo, profesional, institucional.

Porque si ellos negocian desde la debilidad, nosotros tenemos que hablar desde la verdad:

River no tiene límites. Tiene dirigentes limitados.

Recuperemos nuestra dignidad.
Defendamos nuestro futuro.
Volvamos a ser River.

Daniel Kiper

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